El té es la segunda bebida más consumida a nivel mundial después del agua. Es económico, fácil de preparar y tiene infinitas variedades. Los ingleses son famosos por tener su hora del té a las 5, y los chilenos, aunque solemos tomarlo a la hora de "once" o al desayuno, también tenemos nuestros ritos en torno a él. Por su importancia en nuestra cultura es que es importante repasar la historia del té a lo largo de los siglos.

El té común proviene del arbusto conocido como Camellia sinensis, del cual se secan y/o muelen sus hojas, y se prepara con agua caliente. Esta planta posee muchas ramificaciones de hasta 2 metros, y puede llegar a alcanzar los 12 metros de altura. Sus hojas son verdes, con una notoria nervadura, semi ovales y de diferentes tamaños. Sus flores son blancas y aromáticas, y se inclinan hacia abajo, sin embargo las flores de la variedad Camellia japonica (las Camelias, que también pertenecen a la familia de las teáceas) apuntan hacia arriba.

Descubrimiento del té

De la historia del té, podemos decir que se cree que sus orígenes se remontan al año 250 a.C. en China (la cuna del té), cuando quisieron mejorar el sabor del agua hervida. Este país posee una linda leyenda para explicar el origen de la costumbre de tomar té: un antiguo emperador llamado Shen Nung había ordenado hervir toda el agua que estaba destinada para beber. Un día, descansaba bajo la sombra de un arbusto de té, cuando el viento agitó las ramas y algunas hojas cayeron dentro del recipiente de agua que estaba hirviendo, transformándose sin querer en una infusión que le cautivó al instante.

Desde la vereda del budismo, se cuenta que un día Buda, meditaba bajo un árbol sobre los problemas que enfrenta el ser humano en su vida, tales como la tristeza, la soledad y la muerte. Fue entonces que Siddharta dejó caer una lágrima de compasión, y en ese lugar donde cayó la lágrima, creció el arbusto del té, que daría consuelo a las personas que lo bebiesen.

Lo que sí es cierto es que la difusión del té se inició en la dinastía T'ang (desde el año 618 al 907 d.C.) cuando el monje Lu Yu escribió un libro de experiencias relacionadas con la infusión. Luego otro monje budista lo llevó hasta Japón, y así fue como la novedad se diseminó por Asia, en gran parte gracias a monjes budistas.

Llegada del té a Europa

Fue en el siglo XVII que el té llegó a Europa. Se desconoce si fueron portugueses u holandeses quienes se encargaron de llevarlo, porque ambos países comerciaban con China. Los portugueses hacían llegar el té (junto con otros productos, como especias y telas) a Lisboa, y desde allí la Compañía Holandesa de las Indias Orientales los repartía por algunos países de Europa. Hacia 1610 ya no solo se traía té desde China, sino también desde Japón, y la popularidad de esta bebida se produjo a todo nivel social, logrando numerosos adeptos en Inglaterra y en Rusia. Desde China a Rusia el té se trocaba por pieles y era transportado por camellos, haciendo muy lenta su transacción. Se cree que el té habría sido probado en Inglaterra mucho antes de 1658, primera fecha de la que se tenga registro al respecto. En 1662 el rey Carlos II se casó con Catalina de Braganza, quien era fanática del té y lo popularizó entre sus conocidos, aunque en ese entonces todavía era un lujo que pocos podían permitirse. Hacia el siglo XVIII el té llegó a ser la bebida más popular de Inglaterra, pero su precio seguía siendo alto, por lo que muchos adulteraban las hojas mezclándolas con otras hierbas.

Con el tiempo, y gracias a los avances de la revolución industrial, los trenes y otros medios de transporte más rápidos, hicieron que el traslado del té fuese más expedito y con ello más gente tuvo acceso a esta bebida hasta transformarla en lo que significa hoy para nuestra cultura. La historia del té nos indica que éste está íntimamente relacionado con el arte, las relaciones sociales y la meditación.

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